




Rimnatee Resort Trang
Complejo familiar en torno a una piscina, a nueve km del aeropuerto
Sobre este hotel
Rimnatee se percibe como un complejo pensado para familias y no como un hotel que simplemente las admite: la piscina ocupa el centro de la distribución, rodeada por la terraza y el jardín a los que dan la mayoría de las habitaciones. Las habitaciones familiares incluyen sofá cama y balcón, espacio suficiente para una estancia con dos niños sin reservar una segunda habitación, y el restaurante propio, que sirve cocina tailandesa e internacional, resuelve la cuestión de la cena con niños cansados. Una cafetería y una pequeña tienda cubren los huecos entre comidas, y la recepción funciona las 24 horas para llegadas tardías tras un vuelo a una ciudad a nueve kilómetros. La torre del reloj y la estación quedan ambas a seis o siete kilómetros, situando este complejo más del lado del coche que del casco antiguo caminable.
- Piscina
- Habitaciones familiares
- Restaurante propio
- Recepción 24 horas
Nuestra opinión
Rimnatee conviene a familias que quieran la piscina como centro de la estancia y no como un extra, con el servicio de habitaciones y la pequeña tienda cubriendo la logística de viajar con niños. Las parejas que busquen una base caminable del casco antiguo deberían mirar más cerca de la torre del reloj, ya que este complejo queda a varios kilómetros y depende de traslados en coche o taxi para las visitas.
- Reserva directamente una habitación familiar con vista a la piscina, las habitaciones con vista al jardín cuestan menos pero pierden esa vista
- Usa el restaurante propio al menos una noche, así evitas un traslado tras un día completo fuera
- Organiza un taxi para la torre del reloj en lugar de caminar, queda a seis kilómetros en coche
Por qué nos gusta
- Piscina en el centro del complejo
- Habitaciones familiares con sofá cama
- Restaurante y cafetería propios
- Aparcamiento gratuito en el recinto
Por qué encanta a los viajerosTres noches aquí funcionaron bien con dos niños menores de diez años: la piscina mantuvo a todos entretenidos en las horas más calurosas de cada tarde, y el sofá cama de la habitación familiar evitó lidiar con una cuna plegable. El menú tailandés del restaurante era lo bastante suave para los más exigentes, y la pequeña tienda cubrió los tentempiés sin salir a comprar. Los seis kilómetros hasta la torre del reloj significaron taxis en los días de visitas, un gasto que se acumuló pero nunca resultó molesto.
Opiniones de huéspedes
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